27 de enero de 2014

S (o el arte de mantener viva una punta del This is...)

Ya no tengo la más pálida idea de nada. Ya no sé que escribirle a esta chica. Así que, de la mano de Método, voy a improvisar un poco.

-¡Cuéntanos una historia, Método!
La noche, moribunda. En el desierto, esa clase de cosas no pasa desapercibida. Los cambios de temperatura son demasiado fuertes. Pero, también lo son mis compañeros. Llegaremos a Gobadian, y la haremos trizas. Es cuestión de esperar al momento indicado para comenzar.
-Parecen niños.
-¡Vamos, Método! ¡Cuéntanos una historia!
La voz de Tirador. Suave y relajante, muy parecida a la de Espejo. "Aparentemente, va a ser hora de historias después de todo" dije para mis profundidades, al tiempo que encaraba la hoguera moribunda.
-¿Tú también, Bruto? Bien, me encuentro de ánimo para improvisar. Y estoy casi seguro que ya las han oído todas. Ya no me quedan giros de la trama. Por lo tanto, les daré a cada uno una pregunta. Cada uno de ustedes, amables camaradas, podrá hacerme una pregunta. Y yo la responderé a la mejor de mis capacidades, y con toda la sinceridad que pueda conjurar. Así que, ¿quién quiere ir primero?
Todos dudaron, casi de manera instantánea. Me encanta verlos dudar. Intercambiaron miradas, confusos. Raramente les daba la oportunidad que les estaba presentando, de ahí la incertidumbre que exhibían con tanto brío. Pero, como era habitual, la iniciativa la tomó aquel a quién la iniciativa le venía como anillo al dedo.
-¿Cómo has llegado a ser como eres?
-Letargo, no irán nunca a dormirse si preguntas eso. Pero, en el interés de contestarte, la necesidad de ser inteligente y sobreponerme a mi ambiente me llevó a ser como soy. ¿Quién sigue? ¿Espejo? ¿Tienes algo que decir?
"Obviamente tienes algo que decir. Siempre tienes algo que decir, ¿verdad? Más si tienes que hacer las preguntas, y no contestarlas"
-No querrás contestar mi pregunta. No importa, puede preguntar Tirador.
-Perderás tu turno -dije, juguetón. No me molesta distender los ánimos. Ya habría tiempo para la tensión más tarde.
-¿Has querido a alguien alguna vez? ¿Qué puedes contarnos acerca de ella? Si es "ella" por supuesto...
Le miré raro, aunque entendiendo lo socarrón en la última parte de su discurso. Aunque, por otro lado, otra consideración cobraba vuelo en mi mente. "Tenía razón. No quiero contestar esta pregunta. No quiero recordarla. No quiero recordarla, del mismo modo que no quiero recordar a Neresim"
-Sí, era una mujer. Pero, no pienso mucho en ella.
-¿La dejaste en la Ciudadela?
-Podría decirse, sí.
-¿Cómo era ella?

"Ah, ella.
Perfecta, en lo que yo considero como perfecto. Dura, dispuesta, hermosa. Consciente de lo que es, y de lo que provoca en los demás. Provocativa, con ese rojo en el pelo. Con esa expresión en el rostro. Esa expresión que me encanta, que me vuelve loco. Que es mi equivalente del tironeo de mi pelo. Porque poner la cara así, para ella, debería ser ilegal. Esa mordida de labios, esos ojos desafiantes.
Ella, maldita sea. Ella, porque tiene un escudo perfecto. Un escudo que funciona como espada. Una espada que reconozco. Es el misma que yo tengo el agrado, el privilegio y el honor de llevar.
Pero, como veo las cenizas de esta hoguera apagarse, he visto a su escudo quebrarse. He visto a su espada, enterrada de lleno en su propio corazón. Hasta la empuñadura. Ahí es dónde salen las lágrimas. Y sí, he visto sus lágrimas. Su frustración, su miedo. Su triste mirada de comprensión, al entender que nadie tenía la culpa más que ella. Sus elecciones, su dolor. Volviendo en un torrente de memorias encendidas que ni el alcohol podía atenuar. Que ella, en definitiva, no podría negar.
Y me reí al verla llorar. Lo recuerdo como si fuese ayer. Una risa, oscura, mas no sincera. Una risa que reverberó en mi propio vacío. Uno que defenderé con todas mis fuerzas, y que seguramente moriré defendiendo. Porque así soy yo. Pero, esto no se trata de mí. Esto es acerca de ella. De cuán cerca la tengo en mi corazón..."

Mi voz, el mejor somnífero. Los ronquidos sonoros de Letargo rompían la suavidad de la noche del desierto. Miré hacia el cielo, intentado imaginarme lo que estaba sucediendo en la Ciudadela en ese momento. En lo que Muranir estaría pensando de mí. En lo que Caémila podría estar pensando de mí.
El único que lo toleró fue Tirador. Tirador tiene resistencias inusuales. Y, como es natural, una memoria excelente.
-¿Me dirás su nombre?
-Ya sabes su nombre.
-Nunca me imaginé que pensaras de esa manera acerca de ella. ¿Ya tienes planeado que sucederá luego de Gobadian?
-Volveremos a la Ciudadela. Pero, se nos romperá un espejo. Tendremos que buscar otro luego de encargarnos de Istel.
-Pero tú no vas a quedarte, ¿verdad?
"¿Qué he hecho en alguna vida pasada para que me conozcas tan bien?"
Lo vi revolverse sobre su manta, y darme la espalda.

Nunca me sentí más aliviado en toda mi vida. Me he retirado del Páramo, pero no me he retirado del páramo. Mi mente sigue ahí, atrapada en esa carpa. Mis dedos, siguen moviendo esas piezas de marfil sobre el tablero. Sé que no me necesita para pelear sus batallas, del mismo modo que yo no la necesito para pelear las mías. Pero, que se siente bien estar a su alrededor... eso seguro. Me quedaré en el Páramo, una vez que hayan concluido mis asuntos en la Ciudadela.

.........
Es el 27 de Enero del 2014, más puntualmente las 3:46.
Me dieron mal los tiempos.
Feliz cumpleaños, Sabrina.


Te quiero mucho.

1 comentario:

Sabrina Franco dijo...

El rojo del pelo era una ilusión optica. Lo dicen en S17e02.